Título: Planet of Lana II: Children of the Leaf
Género: Acción, Aventura, Indie
Desarrollador: Wishfully
Editor: Thunderful Publishing
Fecha de lanzamiento: 5 de marzo de 2026
Plataformas: PC, PS4, PS5, Xbox One, Xbox Series, Nintendo Switch, Nintendo Switch 2
Copia del juego para PC proporcionada por Thunderful Publishing.
Los juegos de plataformas revolucionaron la industria en la época de los 8 y 16 bits, donde Mario y Sonic fueron los reyes indiscutidos y lo siguen siendo. Pero, dentro del género, se desprendió una variante con movimientos más pesados y realistas que fueron bautizados como plataformeros cinemáticos. Prince of Persia, Flashback y Another World fueron los que definieron este nuevo subgénero, que durante años había quedado en el olvido. Fue entonces cuando Playdead nos maravilló a todos con LIMBO y vimos como los plataformeros cinemáticos renacieron, entregándonos joyas como la duología de Little Nightmares (hagamos de cuenta que el 3 no existe) y Planet of Lana.
Muchas secuelas de grandes sagas buscan reinventarse forzadamente y mueren en el intento, pero Planet of Lana II: Children of the Leaf llega y construye sobre los cimientos del original sin miedo a repetir lo mismo. Wishfully nos demuestra que comprende su propia obra a la perfección, sabiendo qué es lo que funcionaba y hasta dónde puede evolucionar sin traicionar la esencia de la primera entrega.
Desde sus primeros minutos, el juego nos deja en claro que no busca ser ambiciosamente espectacular, sino que emocionalmente preciso. Retomaremos la historia de Lana y Mui tras los evetros del primer juego en un mundo que ya no es solo misterioso, sino también más áspero, más dividido, más humano en sus conflictos. La decisión de mantener una narrativa sin diálogos explícitos y con un idioma inventado vuelve a ser central, pero en esta ocasión el silencio no se siente únicamente como un recurso estilístico, sino como una herramienta narrativa más madura.
Hay una densidad emocional distinta en esta secuela. Donde el primer juego nos evocaba asombro y descubrimiento, aquí predomina una sensación de melancolía. El mundo de Novo parece haber perdido su inocencia, y esa transformación se transmite a través de detalles sutiles: estructuras abandonadas, criaturas que reaccionan de forma menos predecible, paisajes que alternan entre lo bello y lo inquietante. La relación entre naturaleza y tecnología, que antes era más simbólica, adquiere ahora un peso más concreto al presentarnos facciones que luchan por la expansión territorial. El juego confía en nuestra inteligencia y evita cualquier forma de sobreexplicación.
En términos jugables, vuelven las plataformas y resolución de puzzles para avanzar, pero con una fluidez notablemente superior. El movimiento de Lana se siente más libre, menos restringido que en la primera entrega, y eso tiene un impacto directo en cómo se perciben los escenarios. Ya no se trata únicamente de avanzar, sino de habitar el espacio con mayor naturalidad. El juego introduce nuevas posibilidades de desplazamiento que, sin ser revolucionarias, amplían la forma en la que interactuamos con el mundo.
Sin embargo, el cambio más significativo no está en Lana, sino en Mui. Su rol evoluciona de manera considerable, dejando de ser un acompañante reactivo para convertirse en una extensión activa. La interacción entre ambos personajes gana profundidad, y con ella también lo hacen los puzzles. Hay una intención clara de construir desafíos que no dependan únicamente de la lógica inmediata, sino de la observación y la sincronización. En sus mejores momentos, el juego logra una muy buena armonía entre sus mecánicas y la narrativa.
Aun así, no todo es perfecto. A medida que avanza la experiencia, cierta familiaridad comienza a hacerse evidente. No porque el juego repita exactamente las mismas ideas de su predecesor, sino porque su estructura rara vez se permite romper sus propias reglas. Es un diseño que prioriza la coherencia por encima del riesgo, y eso, dependiendo de cada uno, puede interpretarse tanto como una virtud como una limitación. Hay momentos en los que uno desearía que el juego se atreviera a incomodar más, a salir de su zona de confort. Y otra cosa que rompe un poco con la inmersión son ciertos cortes abruptos de escena que van a un fundido negro, camuflando pantallas de carga.
Donde no hay lugar para ninguna duda es en su apartado artístico. La dirección artística alcanza aquí un nivel de refinamiento excepcional. Cada escenario parece una pintura en movimiento sacada de un museo, donde el color, la luz y la profundidad trabajan en conjunto para construir una atmósfera que trasciende lo meramente decorativo. No se trata solo de belleza estética; hay una intención narrativa en cada encuadre, en cada transición, en cada silencio visual. El juego entiende que lo visual también puede contar una historia, y la utiliza con una precisión admirable.
La música, compuesta nuevamente por Takeshi Furukawa, termina de consolidar esa identidad. Más que acompañar, la banda sonora guía emocionalmente la experiencia. Hay momentos en los que la imagen y el sonido se funden de tal manera que dejaremos de percibirlos como elementos separados. En un juego donde las palabras están casi ausentes, la música se convierte en el lenguaje principal, y su ejecución aquí es sencillamente impecable. Planet of Lana no sería lo mismo sin las composiciones cargadas de emoción y epicidad de Takeshi Furukawa.
El ritmo, deliberadamente pausado, puede no ser del agrado de todos. Hay una insistencia en la contemplación, en permitir que cada escena del juego tenga algo para contarnos. Esto refuerza la carga emocional, pero también implica aceptar que no es un juego pensado para la inmediatez. Su duración, relativamente breve de 7 capítulos, pero más extensa que en la primera entrega, juega a su favor: evita la saturación y mantiene la experiencia contenida, casi como si se tratara de una película interactiva.
Para finalizar, Planet of Lana II: Children of the Leaf se siente como una obra que busca dejar una huella y expandirse como una gran saga en los plataformeros cinemáticos. Wishfully nos vuelve a mostrar su capacidad para construir un mundo que tiene mucho que decir. Es una secuela que entiende que crecer no siempre implica hacer cambios radicales, sino en profundizar en aquello que ya tenía valor. Voy a estar esperando con muchas ansias la tercera entrega.
< PUNTAJE: 92/100 >






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